Me llamo Natalie. Tengo un hijo de 3 años de edad que se llama Charlie, quien empezó a recibir servicios de intervención temprana (E.I., siglas en inglés) en 2010. Charlie se mueve mucho; empezó a gatear a los 5 meses y no ha dejado de moverse desde entonces. Pero una cosa que notamos cuando cumplió un año era que no intentaba hablar. Charlie balbuceaba un poco y de vez en cuando decía “ma-ma” o “pa-pa”, pero eso era todo. El papá de Charlie y yo pedimos consejos al pediatra, quien nos dijo que si Charlie todavía no tenía lenguaje para los 18 meses, deberíamos pedir que se lo evaluara.

Evaluaron a Charlie para determinar su elegibilidad para E.I. cuando tenía 19 meses. Le hicieron una evaluación del habla además de una del desarrollo para revisar su motricidad fina y gruesa. Sus resultados de motricidad gruesa eran excelentes, pero Charlie se quedaba atrás en las áreas de las habilidades lingüísticas y sociales. Así que empezó a recibir en casa los servicios del habla y lenguaje. Debido al trabajo fenomenal de su patólogo del habla y lenguaje (SLP, siglas en inglés), Charlie empezó a beneficiarse de manera extraordinaria. La SLP determinó que el periodo de concentración de Charlie le ponía un obstáculo a su desarrollo del habla. Le costaba mucho trabajo prestar atención. La SLP nos dijo que creía que Charlie tenía un desequilibrio sensorial y que tal vez sacaría provecho de la terapia ocupacional. El programa E.I. añadió la terapia ocupacional para fortalecer el torso del niño y mejorar su postura. El progreso de Charlie ha sido increíble.

Al darse cuenta por primera vez de que quizás haya algo diferente en su hijo, el estrés emocional que uno siente es indescriptible. Inicialmente piensa: “¿Es algo que hice mal yo, como su padre o madre?” Puede ser difícil de manejar. Para nosotros, ese desafío emocional se convirtió rápidamente en motivador positivo. Nos encantaba ver el progreso que hacía nuestro hijo debido a los servicios E.I. No se comprende la cantidad de terapia necesaria hasta comenzarla. El padre de Charlie y yo estamos muy contentos de que pudiéramos conseguir servicios para nuestro hijo a una edad tan tierna. No puedo enfatizar suficientemente lo importante que nos era conseguirlos cuando lo hicimos.

Comprendo que es un poco tabú sugerir a otras personas que sus hijos posiblemente necesitan algún servicio E.I. Sin embargo, sigo siendo defensora a favor de otras familias indecisas en cuanto a comenzar servicios E.I. con su hijo o no. Les cuento mi historia de la rapidez de la respuesta de Charlie a la terapia y la cantidad del progreso que ha hecho en un año. El mejor consejo que puedo ofrecer a familias es esta: “No sean ni tímidos ni de mente cerrada ante los servicios E.I. Dejen que los profesionales entren en su vida porque ayudarán a su hijo”.

La madre de Charlie es defensora
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